martes, 13 de noviembre de 2012

Las 3 h del Liderazgo

En mi trabajo de investigación sobre liderazgo, me ha fascinado el Líder Humanista: Humildad, Humanidad y Humor, son tres de los atributos que Kets de Vries, le otorga.

Considero especialmente interesante la “h” del humor porque es un aspecto que no se suele considerar en las investigaciones, pero que, en la práctica diaria, no es tan sólo necesaria si no signo inequívoco, de inteligencia. El buen humor no está reñido, a mi entender, con el trabajo riguroso.

Otro aspecto importante la humildad, como característica para un liderazgo humanista, es que los buenos líderes “saben que no lo saben todo” y, por tanto, son conscientes de que necesitan el conocimiento de los demás.

También, que están dispuestos a “aprender a aprender” (Bennis, 2002) y se rodean de gente que conocen a fondo lo que ellos desconocen. El conocimiento resulta, hoy en día, decisivo en la actividad empresarial. Los buenos líderes saben que “no lo saben todo”. Su reto consiste en liberar el conocimiento de las personas en su empresa. Líder es quien es capaz de dirigir el talento de los demás en la consecución de un los objetivos comunes. No tienen miedo en reconocer que necesitan de otros para llevar a cabo un buen liderazgo. Por último, si retomamos la etimología de la palabra “humildad” -del latín, humus que significa tierra-, se puede afirmar que tocan de pies al suelo, que están con los pies en la tierra. Conocen los límites de su realidad personal.

Los líderes “se conocen a sí mismos”. Comprenden bien sus debilidades y fortalezas. En su acción directiva ponen en funcionamiento sus fortalezas y buscan en otras personas o en equipos el complemento para sus limitaciones.

El liderazgo lo ejercen personas, de “carne y hueso”. La creencia de que los líderes son personas fuera de lo normal es errónea. Al contrario, los líderes son personas, absolutamente, normales. En todo caso, hacen su trabajo de una manera “extra”- ordinaria, es decir, en su trabajo se salen de lo habitual. Como señalan Kouzes y Posner la gente normal pueden llegar a ser líderes. El liderazgo es un conjunto de prácticas observables y que se pueden aprender, por lo que, está al alcance de aquellas personas que sientan la vocación o con la fuerza de voluntad suficiente para llegar a ser líderes.

El líder humanista es pedagogo, educa a los demás. La metodología que emplea es doble. Por un lado: el ejemplo. La importancia de los hechos, de los comportamientos por encima de las palabras. El ejemplo, a corto y largo, genera credibilidad y confianza, fundamental para que los demás aprecien el valor de las acciones humanas. Para ello, la voluntad y la perseverancia resultan decisivas. Por otro lado, el líder humanista transmite seguridad en lo que hace. Tiene el rumbo claro y sabe hacia dónde quiere ir. Está entregado a su trabajo. Está “apasionado” con su trabajo, “enamorado” de lo que hace, realmente, entregado a la empresa todos los días.

Tiene una gran capacidad de cambio. El liderazgo humanista viene asociado con el cambio. Liderazgo y cambio son realidades, intrínsecamente, unidas. El liderazgo lleva en sí el cambio. La ausencia de dinamismo en cualquier persona lleva a cierto anquilosamiento. Evidentemente, el movimiento tiene que ser con “sentido” o en una “dirección”. Se cambia para avanzarse, para mejorar, para ir hacia delante y para crecer.

Transmite ilusión. Se podría hablar de motivación vinculada al liderazgo, pero para el liderazgo humanista hay un reto mayor: dotar de sentido al trabajo de los demás. El liderazgo humanista procura dar sentido al trabajo de las personas en la empresa. Como argumenta Pérez-López, “Cuando un directivo es capaz de llegar a los motivos más hondos de la acción humana, ayudando a sus subordinados a descubrir el valor y el sentido de lo que están haciendo, entonces, y sólo entonces, es un líder.”

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